Todo está podrido. Por lo general soy un aguafiestas y amargado de tiempo completo, pero ahora siento que estoy recargado. ¿Voy a cambiar? Imagino no. Ya no puedo a estas alturas de mi vida. Tal vez debería de intentarlo como una especie de catarsis y sobre todo, para saber qué se siente. Es decir, intentar ganar mi primer millón de dólares en un lapso, digamos de tres años. Es el lapso que dura en su puesto un diputado, un alcalde. Es la mitad de tiempo de un senador o gobernador en funciones. Usted lo sabe, estoy jodido, pero sí pago mis deudas. Trato de hacerlo con honor y decoro. Me tardo, pero sí pago.  Hay cosas que hay que pagar de volada (luz, agua, gas) porque es más cara luego la mentada re-conexión. En fin, imagino ya me acostumbré a habitar ese estrato de la sociedad a los cuales nos definen eufemísticamente como “población en vías de desarrollo.” 

Desarrollo, dineros que nunca llegan. He de tener una tara manifiesta para hacerme millonario, lo sé, pero me gustaría intentarlo, insisto, sólo para saber qué se siente. No es un autor de mi devoción, incluso, lo considero un narrador menor y como analista social y político ocupa la misma posición: la medianía. Pero, recuerdo una frase afortunada que éste escribió en un libro del siglo pasado. El libro es “Miradas Subversivas” de la autoría de Héctor Aguilar Camín. La frase célebre es la siguiente, la cual debo de haberla citado ya en cuatro ocasiones aquí: “La gran esclavitud de México, lo que hace la vida difícilmente tolerable para millones de mexicanos, lo que abroga su libertad y sujeta su albedrío, es la pobreza, no la política. La desigualdad, no la democracia, es el problema difícil de México...” Lapidaria la frase, la sal en la herida abierta fue echada allá por las lunas de 1993 y al día de hoy, no sólo se sigue cumpliendo a la fecha, sino que la frase, la reflexión está más viva y duele más que nunca.

Forbes ha actualizado su lista de millonarios alrededor del orbe. Al día de hoy en que redacto estas atropelladas líneas, no sé cuál es mi sentimiento reinante. ¿Odio, rencor, envidia, resquemor, coraje? No lo sé. ¿Pero cuál es su sentimiento, señor lector, cuando usted se entera que 15 seres humanos, 15 mexicanos tienen en sus abultadas e impermeables chequeras y cuentas, la friolera de 116.7 mmdd. En cristiano son 116 mil millones 700 millones de dólares. No, no me imagino semejante cantidad en pesos mexicanos, que por cierto, nada valen. Quince humanos, con Carlos Slim –primo, imagino, de Ebenezer Scrooge, el contable de Charles Dickens en su “Cuento de Navidad”–, a la cabeza, son los dueños de todo. Absolutamente todo. 

Esquina-bajan
Y como siempre, Dios premia la riqueza con más riqueza. Usted olvídese de ser pobre para entrar con tambores y fanfarrias al paraíso, nada de eso, Dios ama a los ricos. Los ama tanto, que les da más, les multiplica sus dineros y fortunas. Forbes ha señalado que para este año, y con respecto al análisis bursátil anterior, la riqueza de estos hombres de su lista, aumentó en un 18 por ciento. “… el que sigue a los ociosos se llenará de pobreza”. Dice Proverbios 28:19. Sin duda. Y como me dedico a este poco rentable oficio de ser escritor y practicar un arte bello e inútil, que es la poesía, pues mí tirada de naipes siempre será del lado perdedor. 

En esta lista de multimillonarios mexicanos figuran, como siempre y a un costado de Carlos Slim, Juan Francisco Beckman Vidal, Rufino Vigil, Germán Larrea, Alberto Bailleres, Emilio Azcárraga, Ricardo Salinas Pliego, Jerónimo Arango, Roberto Hernández, Hank Rhon… a este último, por cierto, Coahuila lo ha enriquecido sobre manera. Es el recipiendario, él y su banco, de los dineros millonarios que por pago de intereses de la deuda dejada por Humberto Moreira, van a parar a sus bolsillos. Figuran otros nombres por usted conocidos, María Asunción Aramburuzabala, David Peñaloza, Alfredo Harp Helú, Antonio del Valle Ruiz. Para acceder a este club usted debe de tener al menos mil millones de dólares.

Pues entonces he de ser todavía un tipo pusilánime y conservador, conformista pues, el que busque ganar apenas un triste millón de dólares en tres años.

Alejandra Barrales era azafata antes de meterse a la política. Y como la política da dinero a manos llenas, la actual dirigente nacional del PRD, tiene un departamento de un millón de dólares en Miami (el cual fue comprado por una compañía de un solo miembro, ella misma, la Maxba Development Inc. Puf) el cual claro, no fue declarado en su hoja patrimonial en México. ¿El PRI y el PAN son lo mismo? ¿Qué pero le pone a los del PRD, señor lector con lo de Barrales? Y ahora Morena con los recurrentes escándalos de lana y corrupción de uno de sus hijos favoritos, Ricardo Monreal… caray. Esto es vida. 

Letras minúsculas
Entrar a la política mexicana es ganar más de un millón de dólares en tres años. Estoy a punto de decidirme… pinche vida.