Ayer que fue el aniversario del natalicio de Doroteo Arango, “Pancho Villa”, pa sus muchachitos, recordé un reportaje que publicamos en el Semanario, sobre los productos milagro que se venden en las yerberías de Saltillo con la imagen y el nombre del general.

No va usted a creer, pero en estos negocios de lo místico pude encontrar desde: perfumes, jabones, inciensos, veladoras, polvos mágicos, esencias, baños y cuanta cosa con la marca “Pancho Villa”.  

Y lo más curioso fue que platiqué con personas, seguramente fanáticos del Centauro del Norte, que son ávidos consumidores de estos singulares artículos con cualidades sobrenaturales.

Gente que ha puesto su fe, toda su fe, en una loción de “Pancho Villa”, en un sahumerio, en un amuleto.

Gente que le pide al líder de los “Dorados” que le consiga trabajo, pareja, que lo libre de sus enemigos y un montón de etcéteras.

Cómo decía García Márquez, “las vainas”, que se le ocurre a la mercadotecnia.

Y decía yo: ¿Qué pensaría el “Dorado” mayor si supiera cómo estos mercachifles se han hecho, se hacen, ricos de explotar su imagen?    

La verdad yo no sé si esas anchetas funcionen, pero su clientela es prolija, fuerte, vasta y heterogénea.

Se venden lo mismo en tiendas místicas del Centro Histórico, que en yerberías de barrio.

 

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Entre todos los testimonios encontré el de un muchacho súper devoto del general que aseguraba que cuando se ponía el perfume de Villa era un imán para las mujeres, subía su poncho con las viejas, su pegue con las morritas,
¿Simple sugestión?, quién sabe.

También conocí la revelación de un señor, que decía que el escapulario de Villa lo hacía invisible ante sus enemigos.

Lo que nunca pude saber es quién y desde cuándo le otorgó esa potestad al cabecilla de la División del Norte de cumplir caprichos y enderezar jorobados.