Los años arrugan la piel, pero solo el abandono del entusiasmo arruga el alma. El pesar, la duda, la propia desconfianza, el miedo a la desesperación, son los años que encorvan el corazón y conducen el espíritu floreciente a las sombras. Ya se tenga dieciséis o sesenta, siempre existe en cada corazón humano el impulso a la maravilla, el suave asombro ante las estrellas, el desafío a los acontecimientos, el apetito infantil por la vida” Autor desconocido

Un gran sabio dijo una vez, “Hay tres cosas en la vida que nunca deber perder: tu sonrisa, tu alegría y tu forma de ser.” Y es que en días pasados reflexionamos sobre el buscar la alegría en las pequeñas cosas de la vida diaria, y hoy quisiera enfocarme en disfrutar del escuchar reír a quienes queremos, a conciencia. ¿Porqué a conciencia? Porque se nos van los momentos, los vivimos pero no con atención, y es que escuchar reír a quienes amamos, es uno de los mejores momentos y genera las mejores sensaciones.

Las endorfinas son el potente catalizador de las emociones positivas. El sentido del humor y la risa, son de las mejores armas que se nos han dado para crecer psicológicamente. Escuchar reír a quienes amas te llena de placer y alegría. ¿Quién no ha gozado al ver o sentir un ataque de risas y ha experimentado cómo esa risa hace que su cuerpo descanse o se relaje en cierta forma?

El semblante y las arrugas en el rostro, son en gran medida por las alegrías y gozo que hemos vivido a lo largo de los años. Las sonrisas vividas nos han llenado de asombro, nos han hecho explotar de lágrimas de emoción. Hace unos días tuve la oportunidad de disfrutar del festival de fin de cursos de mi sobrino y disfruté tremendamente ver a mis amigas llorar de gozo al ver bailar a sus hijos pequeños. ¡Cuántos momentos que nos han hecho reír pero de felicidad! Esos momentos son los que nos inundan de cierto bienestar. Qué razón tenía Neruda al decir que la risa es el lenguaje del alma, y es que el poder disfrutar del sentir y sentir al máximo, de expresarlo, nos recuerda la capacidad ilimitada que Dios nos ha dado para sentir, experimentar y disfrutar de cada emoción de la vida.

Cuando nos permitimos vivir el aquí y ahora, podemos comprender que este es el resultado de semillas que plantamos en el pasado, y que recordemos que lo que plantemos actualmente repercutirá en nuestro futuro. Está en nosotros y en nuestra propia convicción, generar alegrías, sonrisas, carcajadas, sentimientos y emociones positivas que nos ayuden a resolver y gestionar los malos momentos.

El reírnos de las cosas y escuchar reír a quienes queremos, nos permite llenar nuestra mochila emocional de desahogo, y liberarnos de las cosas, preocupaciones y estrés con el que vamos cargando día con día. Una buena carcajada, contrapone el malestar y desbloquea la negatividad para permitir el fluir de la prosperidad.

Madan Kataria decía que cuando ríes cambias, y que cuando tú cambias, cambia el mundo. Y es que la vida después de reírnos un rato, de ver y escuchar reír a nuestros hijos, de gozar esas carcajadas, se percibe diferente. La risa es sin duda un gran oxígeno no sólo para el cerebro, sino también para el alma. Recuerda que aunque pienses que sonríes y ríes de manera natural y periódicamente, esfuérzate por hacerlo y encontrar esos momentos más a menudo. Disfruta de esa convivencia y búscala; te asombrarás de la claridad mental que tendrás cómo resultado, permítete ver el gozo que crea en tu vida y cómo te sientes más ligero, cómo el estrés va desapareciendo poco a poco y los dolores se perciben menos intensos.

 

“La risa es cómo los limpiaparabrisas, aunque no detiene la lluvia, nos permite avanzar.” Gerard Jugnot.