El golfista español Sergio García durante los últimos entrenamientos en el campo de Erin Hills en Hartford, Wisconsin, Estados Unidos. Foto: EFE
La apuesta de la USGA de llevar su torneo más importante del año a este novedoso campo tipo link de más de siete kilómetros, que se juega por primera vez desde 1992 (Pebble Beach) como un par 72.
Estas son las calles más anchas que hemos visto nunca en un US Open"...
Rory McIlroy

Erin Hills, en Wisconsin, que acoge esta semana la 117 edición del Abierto de Golf de Estados Unidos, influirá tanto en los resultados como las habilidades de los 156 golfistas clasificados para lidiar con la longitud, la maleza y la gravilla de los búnkeres del recorrido del medio oeste.

Los temores y las quejas iniciales de algunos jugadores sobre este campo natural entre las colinas de Erin ya han hecho que los organizadores del segundo grande del año, la Asociación de Golf de Estados Unidos (USGA), rebajen la maleza y la hierba alta que flanquean las calles antes del inicio de la competición.

"Estas son las calles más anchas que hemos visto nunca en un US Open", dijo el golfista norirlandés Rory McIlroy, que llega a Wisconsin en buen estado de forma después de recuperarse de una fractura en la costilla. "Si los mejores del mundo no pueden ponerla en la calle, es mejor que vayan haciendo las maletas", agregó McIlroy.

La apuesta de la USGA de llevar su torneo más importante del año a este novedoso campo tipo link de más de siete kilómetros, que se juega por primera vez desde 1992 (Pebble Beach) como un par 72, ha suscitado una combinación de reacciones.

El golfista norirlanés Rory McIlroy durante los últimos entrenamientos en el campo de Erin Hills en Hartford, Wisconsin, Estados Unidos. Foto: EFE

"Es un campo muy lindo, difícil y exigente, donde lo más importante es jugar por el medio", dijo a Efe el argentino Emiliano Grillo, que llega al US Open entre los 40 primeros del ránking mundial. "Está en condiciones inmaculadas", agregó.

Erin Hills se concibió con el espíritu de los históricos recorridos naturales de las costas escocesas e irlandesas, recuerda la leyenda de un "campo de sueños", en referencia a la película, protagonizada por Kevin Costner, en la que un granjero de Iowa tiene una visión sobre un campo de béisbol.

"Si lo construyes, vendrán", decía una voz misteriosa a Costner en medio de la noche. Y el Abierto de Estados Unidos ha venido a Erin Hills, donde se desarrollará esta semana la combinación de sueños y pesadillas que caracteriza las grandes competiciones.

El australiano Adam Scott golpea su tiro de salida en el primer hoyo durante la ultima ronda de práctica del 117 edición del Torneo Abierto de los Estados Unidos. Foto: EFE

La pesadilla está en manos de la USGA, que se ha reservado múltiples opciones para cambiar los tee de salida, las distancias y la altura de la hierba. De jugadores del calibre del estadounidense, Dustin Johnson, número uno del mundo, o el español Sergio García, reciente ganador del Masters, depende hacer los sueños realidad.

"Durante este año han ocurrido muchas cosas bonitas y buenas, y más van a ocurrir", dijo a EFE García, que participa por décima octava vez en un US Open y lleva camino de emular las hazañas de su legendario y difunto compatriota Severiano Ballesteros.

El recorrido de Erin Hills también se presta a la imaginación. "También es un campo para creadores. Imaginación nos sobra y tenemos buen juego corto", dijo a Efe Jon Rahm, el joven golfista vizcaíno que llega con muchas opciones a su tercer grande en su primer año como profesional.

Más allá de leyendas y los sueños, la consagración de Erin Hills como un recorrido de grandes torneos dependerá de que sea "duro, pero justo", como afirmó el estadounidense Jordan Spieth, ganador del Masters y el Abierto de Estados Unidos de 2015.

A un día del inicio de la competición, Spieth devolvió a sus compañeros a la realidad de la dureza de un grande: "El par es un resultado sumamente bueno en el US Open".