La algarabía y el ruido con el cual los partidarios del primer ministro griego, Alexis Tsipras, festejaron el triunfo del ‘no’ tendrán que dar paso a la cruda realidad.

Para cuando usted lea estas líneas la pregunta que sirve de título al texto habrá comenzado a despejarse pues, entre otras cosas, ya se sabrá si abrieron los bancos y si los mercados financieros funcionaron en Grecia luego que seis de cada 10 helenos dijera “no” a las condiciones que los acreedores de su país le pusieron para renegociar su enorme deuda.

Las imágenes con las que nos fuimos a dormir habrán quedado atrás. La algarabía y el ruido con el cual los partidarios del primer ministro griego, Alexis Tsipras, festejaron el triunfo del “no” tendrán que dar paso a la cruda realidad: la que indica que la deuda griega sigue allí y los acreedores también.

Y es que el referéndum de ayer sólo significa que el gobierno encabezado por Tsipras ha obtenido el respaldo mayoritario de su población para mantener la postura que ha sostenido frente a sus acreedores… Pero nada más.

Ahora, desde luego, la situación es distinta para los acreedores de Grecia. Hasta antes de ayer, negociaban con un gobierno colocado contra las cuerdas. Hoy tendrán que negociar con uno que cuenta con el respaldo mayoritario de una población que, al menos en teoría, no teme a la posibilidad de quedar fuera de la zona del euro.

Una vez más: ¿por qué debe interesarnos a los mexicanos la suerte de los helenos?

La respuesta sigue siendo la misma: porque lo que ocurra en Europa y, más concretamente, en la eurozona, tendrá repercusiones -nos guste o no- en nuestro territorio, tal como ocurrió ya la semana anterior cuando el tema de la deuda griega cayó en el terreno de la incertidumbre y eso provocó una ola de inestabilidad cambiaria que afectó al peso.

El resultado del referéndum de ayer no ha cambiado las cosas. Grecia sigue siendo un deudor moroso y esa circunstancia constituye un hecho respecto del cual los acreedores de dicho país seguramente reaccionarán y cualquiera sea la reacción implicará un sacrificio para la sociedad helena.

De hecho, el resultado de la consulta promovida desde el gobierno griego sólo implicaba determinar cuál de las dos partes en pugna tendría que reaccionar primero. Ha quedado claro que deben ser los acreedores de Grecia y no el gobierno de dicho país.

Parece bastante claro que el resto de Europa no tiene interés en que Grecia salga de la zona del euro, pero también está muy claro que los griegos y su gobierno han formado un sólido bloque para oponerse a las condiciones que sus acreedores le han puesto para renegociar su deuda.

Cualquier cosa que salga de las negociaciones que, de forma inevitable, seguirán al resultado de la consulta griega, sin duda establecerá un nuevo parámetro para que los países del mundo reciban créditos de aquí en adelante.

Una razón más para estar atentos al desenlace de esta historia.