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Una muerte que quedó marcada en su alma, pues el poco tiempo que el músico pudo disfrutar a su hijo hizo que la angustia fuera aún mayor.

Pasaron 26 años de una tragedia que marcó el mundo personal de un gran artista de la música internacional. “Lágrimas en el cielo”, una de las célebres canciones del cantautor Eric Clapton, tiene una triste historia detrás, que tal vez no conocías, y la cual nos invita a reflexionar sobre el valor de la vida y los afectos.

Una triste historia detrás de la canción
¿Sabrías cómo me llamo si te viera en el cielo?,¿Sería lo mismo si te viera en el cielo? Debo ser fuerte y seguir mi camino. Porque sé que no pertenezco aquí en el cielo. Detrás de la puerta habrá paz, estoy seguro. Y sé que no habrá más lágrimas en el cielo”. Éste es un fragmento de la canción que compuso Eric Clapton tras la fatal muerte de su hijo. Una muerte que quedó marcada en su alma, pues el poco tiempo que el músico pudo disfrutar a su hijo hizo que la angustia sea aún mayor.

Un hijo que veía poco a su padre
Según el sitio Newsner, Conor era el hijo que el cantante Eric Clapton había tenido tras una aventura con la modelo italiana Lory del Santo. Las cosas en la relación venían un poco difíciles desde el principio, pues cuando Eric supo que iba a ser padre no estuvo muy conforme; él quería una vida más fácil y relajada, y la paternidad vendría a acabar con todos sus planes futuros.

El artista no se sentía cómodo con la idea de ser padre en ese momento. Pero a pesar de ello, la modelo italiana dio a luz a un bello niño. Eric le confió a la mujer que no estaba listo para ser padre, por lo que se desentendió de muchas actividades y responsabilidades de la paternidad. Por otra parte, había algo más allá de una simple desvinculación de su hijo sin sentido: Eric era alcohólico, y sus repentinos accesos de furia y sus estados depresivos hacían que su vida tenga un desbalance poco apropiado para llevar adelante la responsabilidad que implica criar un hijo.

Conor tuvo muy poco contacto con su padre durante sus primeros años de vida. El músico llevaba una vida ajetreada y le resultaba difícil congeniar su vida profesional con la vida familiar. A los 3 años del pequeño, Eric y Lory se separaron, luego de muchas discusiones y desacuerdos. Ahora, el artista veía muy poco a su hijo. A pesar de estar separados, Lory hacía el esfuerzo de reunir a Conor con su padre para que no perdieran el contacto, pues ahora el niño vivía con su madre en Italia.

Pero luego, él recapacitó
El músico, luego de un tiempo, y en un momento de sobriedad lejos del alcohol, entendió que era hora de tomar las riendas de su responsabilidad parental, y le dijo a Lory que estaba listo para ejercer la paternidad a pleno. Según reporta el sitio Oasis, en marzo de 1991, cuando Conor ya tenía 4 años, fue junto a su madre a Nueva York a visitar a su papá. 

Pasaron un hermoso día. Fueron al circo, y disfrutaron de una jornada como una verdadera familia. Eric estaba dispuesto a volver a empezar de cero, para disfrutar al niño al máximo, por todos los años que se había perdido de sus risas, sus juegos, y sus abrazos.

El día en que un angelito fue la musa de su padre
Al día siguiente de ver a su padre en Nueva York, Conor se despertó muy feliz porque volvería a pasar un día con su padre. Ahora, tenían más tiempo para disfrutarse mutuamente. Su madre se estaba duchando y mientras, el niño jugaba con su niñera.

En el departamento donde estaban viviendo, estaban haciendo trabajos de refacción, por lo que Lory le había pedido a la niñera que no dejara ni un segundo solo al pequeño. Pero en un descuido, el pequeño Conor comenzó a correr a toda velocidad dentro de la casa, al jugar a las escondidas con su niñera y se metió en un cuarto donde el conserje limpiaba un gran ventanal. El ventanal estaba abierto de par en par; el conserje no llegó a frenar al niño cuando éste se acercó repentinamente corriendo al borde de la ventana: cayó al vacío y murió instantáneamente. El músico llegó al departamento a los poco minutos, pues pasaba a buscarlo para un nuevo día de paseos y juegos. Pero se encontró con la tragedia.

Según las palabras de Eric Clapton, las cuales quedaron plasmados en su autobiografía: “Si pude atravesar esto y mantenerme sobrio, cualquiera puede. No había una mejor manera de honrar la memoria de mi hijo”. Con esta simple frase, el músico se arrepintió de tantos años de haber perdido el contacto con su hijo por haber estado sumergido en el alcohol. Luego de este hecho funesto, se prometió a si mismo dejar de beber, en honor a su hijo.

Las tragedias no sólo nos muestran nuestras miserias, sino que nos dan enseñanzas positivas de todas aquellas situaciones que parecen oscuras y sin salida. No hay absolutamente nada positivo en la muerte de un hijo, pero sí en la actitud de recapacitar y volver a empezar una vida nueva, sin egoísmos ni excentricidades, y con la confianza plena en Dios.