Irónicamente, el santo patrono de los rogones regresó a México a dar una clase de amor propio
¿Les puedo preguntar algo y me contestan sinceramente? ¿Les gusta Donald Trump?”
Morrisey

MONTERREY,N.L.- Fue dura la jornada sin que el traductor de la depresión a la música pusiera un pie en este país, en el país de los que nunca ganan. Las cosas han cambiado, ya cumplimos con el requisito que pide para enamorarnos: hemos visto la luz del sol en huesos humanos triturados. Dramáticos y aferrados por naturaleza, los mexicanos anoche empezamos de cero con Steven Patrick Morrissey quien, como buen defensor de causas imposibles dejó un mensaje a los “bullies”: Te metes con México, te metes con Morrissey.

Aún de frente al micrófono y a punto de un lleno total, era posible una cancelación de último minuto.  “No chiflen, porfa. No se vaya a enojar y no toque.”, suplicaba con angustia una muchacha. No era en vano. Ni somos eternos, ni hemos acabado nunca de saber qué pasa por la mente del misterioso artista, así que ver a Morrissey en Monterrey sería un evento histórico que no valía la pena poner en riesgo por rijosos. 

“Suedehead” abrió esta noche donde el cantante no tendría piedad para señalar el caos que nos envuelve, nuestra parte de culpa y claro: el romance. El concierto, como su carrera de solista empezó con esta balada que le pone un hasta aquí a los amigos con derecho que se transforman en acosadores aspirando a ser pareja. No sé que será más difícil si dedicarla o que te la dediquen, pero cantada por todas todas las almas turbadas sonó casi tierna, muy alejada de la dureza de su letra. “Gracias”, terminaba con una sonrisa. 

Siguieron los versos de Alma Matters: “es mi vida y la arruino a mi manera” dedicada para los que se paran frente al abismo e intentan criticar su profundidad, pero qué saben aquellos a los que la oscuridad no los ha devorado ¿qué colores conocen? Y como no hay oscuridad sin luz, empezó el clásico que hace que con la compañía correcta, una muerte terrible parezca una forma celestial de colgar los tenis: “There is a light that never goes out”. Para los que no son bienvenidos en ningún lugar. 

Horas antes se había hecho viral el hecho de que un juez de la banda de violadores adinerados “Los Porkys” no consideraba violación que uno de esos pervertidos lastimara a una jovencita “porque copular no era su intención”. Entonces, “Ganglord” una canción desesperada para pedir protección de la policía a un capo de la mafia resonó con un enojo palpable en el evento. La corrupción y la ironía sonaban de fondo. 

Con las primeras frases de Speedway el sudor de Moz, se antojaba bendito. El hombre se deshizo de su camisa y la lanzó a escasos centímetros míos. Vi como hípsters se transformaban en luchadores dignos de la triple A y a muchachitas que conocieron a Morrissey por la peli de “500 días de Summer” se transformaran en lidereza controlando el barrio. Mi escaso metro y medio no fue suficiente para sucumbir a la serie de metamorfosis que sacudieron la porción de auditorio. Entonces lloré. “Let me Kiss you” es el himno de los que nos sabemos feos, pero que tenemos nuestro corazoncito y que de oportunidades pedimos la limosna. Lo que guste cooperar. 

Era muy temprano para estar mandando mensajes al número que prometíamos no escribir en esa noche. La denuncia forma parte de la obra de Moz y su regreso a México el silencio no era una opción. “¿Les puedo preguntar algo y me contestan sinceramente?¿Les gusta Donald Trump?” El público se encendió. Nuestro Morrissey confesó que tampoco lo aguantaba y sus músicos hicieron un sutil mensaje portando playeras con la leyenda: Fuck Trump. Incluso en un momento de la noche, la portada de Years of Refusal cambió la cara de un bebé por la cara de Trump. Para echarle sal a la herida el final se agolpó con “How Soon Is Now?” Y “You Have Killed Me”. Ante las súplicas del público, que no se caracteriza por ser naaada rogón que digamos, siguió el Encore de la clásica “First Of The Gang to Die”. Y con ella el cierre de una noche de sacudidas, de golpes de pecho (con picahielos) y un deseo profundo de que no terminara y que tanto la tristeza como la valentía nos saquen pronto de este infierno de la incertidumbre. Hasta siempre, Moz.