Mohamed quiere más calidad de la que hasta ahora ha tenido en el Monterrey. Por lo visto, todos los jugadores que ha traído en los últimos semestres han sido insuficientes y necesita, dice, “más jerarquía”.

Los futbolistas de reconocida jerarquía no garantizan títulos, pero puede que ayuden más rápido a encontrarlos. Sin embargo, mucho tiene que ver el contexto y las singularidades del equipo.

Gignac en Tigres, por ejemplo, ha sido un caso excepcional. Es muy sencillo decir hoy que encajó a la perfección en un puesto que lucía “vacante” y respondió a la altura de su currículum. Es un delantero de amplísimas y enormes condiciones.

Sin embargo, para que su virtudes se potenciaran o, en su defecto, no se resintieran, el francés necesitó tener a sus espaldas a un equipo con un reparto de roles definido y asentado, y de una producción colectiva estabilizada. Tigres realzó a Gignac y no fue al revés como los goles lo hacen suponer.

Rayados no está en la misma situación. Es el efecto inverso. A falta de de tener un equipo ya consolidado parece necesitar más y más figuras para sentirse futbolísticamente seguro. Quizás también necesite de un líder dentro del campo y no se dé cuenta.

En pocas palabras, Monterrey sigue buscando a su “Gignac”, pero lo que no ha logrado aún es asentar la forma de jugar con tanta rotación de futbolistas.
Para este nuevo semestre, Mohamed contará con nuevos perfiles de jugadores a los que deberá integrar a una base que no está tan firme en su esencia.

Mohamed pide más “jerarquía”, paradójicamente, en un plantel que siempre ha presumido tener mucha y quizás no ha sido tan estimulada y aprovechada.
El caso Cardona sigue siendo curioso por cómo bajó dramáticamente su nivel en este ciclo y se tuvo que ir. Carlos Sánchez, otro que ha perdido drásticamente brillo para regresar a su estado bruto.

Da la sensación que a Rayados le falta más nombres de lujo para darle más relieve a la nómina y desinflamar el enojo de muchos aficionados, quienes exigen un cuadro de calificada calidad a la altura de lo que pagan por su costoso abono.

En ese intento de despresurizar el ambiente, el propio Mohamed reconoció el viernes que traer desde Europa a Miguel Layún es una posibilidad.

El lateral ha ganado experiencia en el Porto, pero es un refuerzo que, primero, tiene que llegar y, segundo, debería acomodarse a la horma de un equipo que tácticamente aún no está definido, lo que para efectos de productividad es un volado.

De todas maneras, Rayados quiere un jugador que haga ruido, aunque por lo pronto Mohamed dice estar contento con lo que hasta hoy tiene. Lo mismo dijo en los anteriores semestres en los sucesivos rearmados que ha experimentado desde que arribó al club.

El problema de siempre no ha sido el hecho de traer más futbolistas, sino el no poder darle un valioso sentido a lo que se trajo. Caso contrario hoy Rayados tendría que tener consolidado un modelo y ajustar en puestos puntuales.

Sin embargo, Monterrey volverá a empezar otra vez desde abajo, con nuevos elementos que tendrán que adaptarse en tiempo récord para contribuir con el equipo y encantar a la gente.

Mohamed formateará una nueva versión de Rayados para los propósitos de siempre. Ya avisó que le dará más juego a los jóvenes canteranos, una decisión que supone ser acertada.

Pero el detalle, al final del día, no es si viene Layún o cualquier otro “monstruo”, sino que la “jerarquía” obedezca a la misma expresión colectiva.